La Alfombra Roja

jueves, 26 de enero de 2012

Crítica: "El monje"

Recientemente ha pasado por España el actor Vincent Cassel para promocionar este relato oscuro y siniestro de tintes bíblicos. Dirigida por Dominik Moll, su buena labor estética y de ambientación tropiezan con una historia densa, llena de altibajos y previsible.

El cine francés sigue apretando con fuerza. Cada vez es más habitual encontrar en nuestras salas sus últimas producciones. Apoyada en una Industria de gran fuerza que disfruta del respeto de sus conciudadanos, su interés en el ámbito europeo está repercutiendo en un goteo continuo. Pronto llegará el gran taquillazo del año en Francia, la comedia "Intocables", que promete una buena recaudación.

Si nos centramos en "El monje", el gran atractivo del film es la presencia del intérprete francés Vincent Cassel. Su cuidada carrera, casi siempre atrapado en papeles secundarios, ha llamado la atención a los críticos. "Promesas del este", "Cisne negro" ó "Un método peligroso" son sólo algunos de los títulos que han contado con su presencia. Es común encontrarle en papeles extraños, inquietantes e intensos.

Ahora vuelve a atreverse con uno de esos personajes en los que se siente cómodo. Un monje, huérfano, que siempre ha vivido entre las paredes de un claustro, y que siente la llamada del mal. Satanás (Sergi López) le tienta y él tendrá que debatirse entre sus principios y sus deseos.


Gótica y fría, busca transmitir las dudas del protagonista en el público. Sus continuos dolores de cabeza, la tentación de la carne, sus peleas internas son meras transmisoras de sensaciones que pretende compartir con el espectador. Es una lástima que ese intento se quede en eso, un buen intento. No logra enganchar ni crear empatía, convirtiendo este ambicioso proyecto en un título más de la cartelera.

Cuesta creer la evolución psicológica del personaje interpretado por Vincent Cassel. Un hombre de férreas ideas que poco a poco, y de una manera un tanto incomprensible, va perdiendo la fe en pro de una atracción carnal que no se intuía ni se esperaba. Hay algo en todo ese recorrido que se nos escapa y resta credibilidad.


Si tenemos en cuenta que toda la película se fundamenta en esa crisis de valores, el resto del reparto acaban siendo meros espectadores a la espera de disfrutar su oportunidad y protagonismo. Ni se integran en el proyecto ni la historia, tal y como la cuenta Dominik Moll, les permite hacerlo.

Es una pena desaprovechar las posibilidades artísticas de Vincent Cassel, que vuelve a ser lo mejor de un film menor que sólo su talento permite mantener con dignidad. Al menos siempre podremos disfrutar de una ambientación y vestuario muy interesantes.

José Daniel Díaz