La Alfombra Roja

lunes, 1 de abril de 2013

Crítica: "Efectos secundarios"


Es un mundo por descubrir éste de la farmacología. Hay muchas leyendas sobre las pruebas de fármacos nuevos, el uso de seres humanos como "conejillos de indias", las cantidades ingentes de dinero que mueve el sector y su estrecha relación con el poder. Por tanto, es fácil sorprenderse e involucrarse con un título directamente relacionado con el asunto. Steven Soderbergh se acompaña de un buen número de estrellas hollywoodienses para enredar al espectador en un juego de traiciones, intriga y mucho suspense.

Nuestros amigos de Sensacine contaron con nosotros para el pase especial que realizaron en Madrid de la película. "Efectos secundarios" es el último proyecto de Steven Soderbergh, un director que ha alternado éxitos y fracasos a partes iguales. Imposible olvidarnos de "Traffic", "Erin Brockovich" ó "Contagio" como auténticas joyas del cine contemporáneo. Si en algo coinciden todas estas fantásticas películas es en el excelente trabajo realizado con los actores.

En esta ocasión, el reparto, a excepción de Rooney Mara, es de sobra conocido por el director. Tanto Channing Tatum como Jude Law ó Catherine Zeta-Jones habían participado en proyectos anteriores. Es curioso que la debutante sea la que realice el mejor trabajo interpretativo. Rooney Mara junto a Anna Kendrick ó Rebel Wilson ya se están posicionando como nueva generación a tener en cuenta.

Presentada en el pasado Festival de Berlín, Soderbergh utiliza un ingenioso guión para enredar al espectador en una continua montaña rusa de culpabilidades e inocencias, de amor y desamor. Emily (Rooney Mara) sufre continuas depresiones. Se acentúan cuando su marido (Channing Tatum) sale de la cárcel y se ve obligada a tratarse con un psiquiatra de renombre (Jude Law).

Por desgracia, ese guión tan enredado y, a la vez, tan sorprendente, se podía haber llevado a la pantalla con algo más de dinamismo. Su primera hora resulta desalentadora, muy densa, excesivamente íntima. No toma el ritmo hasta el último cuarto de película donde todo cobra sentido, donde el espectador se empieza a sentir cómodo. Su pausada narración inicial se torna en rápida y algo desestructurada cuando los nudos que la historia plantea, empiezan a desenredarse.

Aún así el toque Soderbergh está en todo el metraje. Siempre puede fascinar con un giro repentino, un plano diferente, con un toque deliberadamente sucio. Incluso da miedo pensar la facilidad con que podemos convertirnos en experimentos de un nuevo fármaco. Todos somos objetivos con la excusa de mejorar nuestra salud o nuestro estado de ánimo.

Merece una oportunidad este intrigante film con unos magníficos Jude Law y Rooney Mara, un guión sólido y una solvente ambientación. Una pena que Soderbergh no le aportara un punto más de velocidad e intensidad.