La Alfombra Roja

viernes, 2 de agosto de 2013

Crítica: "Pacific Rim"


Continúa el goteo de películas de ciencia ficción de este verano. Ahora es Guillermo del Toro quien desembarca en la cartelera con "Pacific Rim", portento visual y sonoro que nos trae un enfrentamiento entre Transformers y Godzillas que en esta película reciben el nombre de Jaegers y Kaijus. Todo ese derroche de tecnología no encuentra acomodo en un guión sostenible que evite la previsibilidad y los personajes caricaturescos.

Guillermo del Toro, a la espera del estreno de su nueva película de animación "Pinocho", retoma el cine fantástico con un ejercicio voluntarioso que aprovecha al máximo los efectos especiales. Su impresionante resultado sólo se puede entender como un circo donde los leones son enormes mastodontes de metal manejados por dos personas "compatibles", y los elefantes unos extraños seres que se multiplican tras una grieta en las profundidades del océano.

Lo malo del circo es que todo es inconexo. Tan pronto estamos en un momento de máxima tensión y dramatismo, como nos presenta un payaso de risa fácil. Algo así ocurre en "Pacific Rim", su guión se nutre de personajes que no "pegan ni con cola". Por ejemplo, tenemos al mariscal, hombre recio de fuertes valores, y a su lado dos científicos absurdos contando chistes cutres y sin gracia. Todo ello por no hablar de los patéticos papeles de Santiago Segura y Ron Perlman, que intentan salvar con un curioso vestuario.

Sin embargo, este enfrentamiento apocalíptico entre la Humanidad, a través de los Jaegers, contra los seres extraterrestres conocidos como Kaijus, nos traen algunas de las escenas más impresionantes del cine de ciencia ficción. Las batallas entre estos gigantescos seres gana enteros gracias a la fantástica música de Ramin Djawadi, que acompaña con notable jerarquía las casi dos horas y media de película.


Difícil hablar de un guión sin misterio, vendido a la tecnología y la espectacularidad, pero sin riesgos ni dobleces. De todas formas, desde un punto de vista matemático, la ecuación podría ser la siguiente:

Diversión sin pretensiones + blockbuster de manual = Éxito seguro en taquilla.