domingo 29 de enero de 2012

Crítica: "J.Edgar"

Desde que se anunció el rodaje de la biopic del famoso director del FBI, John Edgar Hoover, se sabía que levantaría polémica. Aunque ni el director ni el reparto se caracterizan por ser conflictivos, la vida de este enigmático personaje era lo suficientemente oscura y oculta para entrar de lleno en algunos temas controvertidos. El resultado es satisfactorio, tal y como se esperaba de dos monstruos cinematográficos como son Clint Eastwood y Leo di Caprio.

Desde 1924 hasta 1972, Hoover ocupó la dirección general del FBI. Reestructuró un departamento oxidado para convertirlo en un auténtico equipo de investigación. Siete presidentes pasaron por sus ojos durante su mandato y, gracias a oscuros secretos que guardaba con mucho celo, sobrevivió a todos ellos. Sus artimañas, su orientación sexual y su marcada personalidad se retratan con destreza en "J.Edgar".

Cuando te adentras en la historia de la vida de alguien, cinematográficamente debes centrarte en alguna época concreta para no excederte en el metraje ni resultar excesivamente disperso. Si en "La dama de hierro" el foco estaba en la madurez y vejez (con un pobre resultado en mi opinión), en la película que nos ocupa el espacio se amplía desde que se hace cargo del FBI  hasta su muerte. 


Sin embargo, la mirada de Eastwood no está tan dirigida a su labor policial o de detenciones como a la manera en que quiso marcar su sello en el departamento. Su faceta creativa, su nueva forma de entender las investigaciones, su desmarque total y absoluto del ámbito político y su homosexualidad oculta centran buena parte del film, consiguiendo un resultado muy completo.

Buena parte del éxito de la película viene dado por una interpretación magistral de Leonardo di Caprio y lo cierto es que nos estamos acostumbrando a su buen hacer. Su "olvido" en los Oscar no puede entenderse de otra forma que como un error más (y son unos cuantos) de una Academia más pendiente de dónde vienen los vientos que de un análisis exhaustivo de los trabajos presentados.

Al margen de esto, el actor americano se introduce en el cuerpo de Hoover ofreciendo un espectáculo interpretativo de gran altura. No puede ser casualidad que directores del nivel de Eastwood, Scorsese, Scott, Tarantino, Mendes ó Nolan le hayan requerido para sus títulos.


El resto del reparto acompaña a la perfección el recorrido del protagonista con actrices de gran nivel como Naomi Watts ó Judi Dench. Es una pena que un maquillaje tan excesivo e irreal empañe sus actuaciones y les hagan perder cierta credibilidad del personaje.

Acierta Clint al mostrar las luces y sombras de Hoover. Desde una postura objetiva y neutral, el enfoque es biográfico, dejando que sea el personaje el que se defina por su actos. Como siempre los planos son certeros y, en algunos casos, sublimes. Si a todo eso unimos una cuidada ambientación, el aprobado final se supera con creces.

Recomendable para los amantes del buen cine histórico, ése que disfrutas y aprendes a partes iguales.

Puedes ver el tráiler pinchando aquí

José Daniel Díaz

jueves 26 de enero de 2012

Crítica: "El monje"

Recientemente ha pasado por España el actor Vincent Cassel para promocionar este relato oscuro y siniestro de tintes bíblicos. Dirigida por Dominik Moll, su buena labor estética y de ambientación tropiezan con una historia densa, llena de altibajos y previsible.

El cine francés sigue apretando con fuerza. Cada vez es más habitual encontrar en nuestras salas sus últimas producciones. Apoyada en una Industria de gran fuerza que disfruta del respeto de sus conciudadanos, su interés en el ámbito europeo está repercutiendo en un goteo continuo. Pronto llegará el gran taquillazo del año en Francia, la comedia "Intocables", que promete una buena recaudación.

Si nos centramos en "El monje", el gran atractivo del film es la presencia del intérprete francés Vincent Cassel. Su cuidada carrera, casi siempre atrapado en papeles secundarios, ha llamado la atención a los críticos. "Promesas del este", "Cisne negro" ó "Un método peligroso" son sólo algunos de los títulos que han contado con su presencia. Es común encontrarle en papeles extraños, inquietantes e intensos.

Ahora vuelve a atreverse con uno de esos personajes en los que se siente cómodo. Un monje, huérfano, que siempre ha vivido entre las paredes de un claustro, y que siente la llamada del mal. Satanás (Sergi López) le tienta y él tendrá que debatirse entre sus principios y sus deseos.


Gótica y fría, busca transmitir las dudas del protagonista en el público. Sus continuos dolores de cabeza, la tentación de la carne, sus peleas internas son meras transmisoras de sensaciones que pretende compartir con el espectador. Es una lástima que ese intento se quede en eso, un buen intento. No logra enganchar ni crear empatía, convirtiendo este ambicioso proyecto en un título más de la cartelera.

Cuesta creer la evolución psicológica del personaje interpretado por Vincent Cassel. Un hombre de férreas ideas que poco a poco, y de una manera un tanto incomprensible, va perdiendo la fe en pro de una atracción carnal que no se intuía ni se esperaba. Hay algo en todo ese recorrido que se nos escapa y resta credibilidad.


Si tenemos en cuenta que toda la película se fundamenta en esa crisis de valores, el resto del reparto acaban siendo meros espectadores a la espera de disfrutar su oportunidad y protagonismo. Ni se integran en el proyecto ni la historia, tal y como la cuenta Dominik Moll, les permite hacerlo.

Es una pena desaprovechar las posibilidades artísticas de Vincent Cassel, que vuelve a ser lo mejor de un film menor que sólo su talento permite mantener con dignidad. Al menos siempre podremos disfrutar de una ambientación y vestuario muy interesantes.

José Daniel Díaz

martes 24 de enero de 2012

"No habrá paz para los malvados" triunfa en la XVII edición de los premios José María Forqué


"No habrá paz para los malvados" conquistó la XVII Edición de los Premios José María Forqué. En una Gala de claro enfoque musical, presentada por los actores Alex O´Dogherty y Pablo Puyol, alternó luces y sombras.  José Coronado ("No habrá paz para los malvados") y Elena Anaya ("La piel que habito") fueron galardonados como Mejor Actor y Mejor Actriz, colocándoles en muy buena posición para los Goya del próximo 19 de Febrero.

En un año tan duro y crítico como este 2012, EGEDA (Entidad que gestiona los derechos de los productores audiovisuales) quiso celebrar su habitual entrega de premios con un claro sentido del ahorro. Sin perder su identidad, ni los aires glamourosos que han cubierto siempre a esta Ceremonia, el acto, celebrado en el Palacio de Congresos de la Castellana, fue sobrio, rápido y sin excesivo alarde en el presupuesto.

Aunque la Gala no fue precisamente brillante, sí destacó por una buena elección en los temas musicales y por una apuesta decidida por mantener un ritmo alto en la entrega de premios. Así, inmediatamente, Antonio Resines y Jorge Sanz hacían entrega a Fernando Trueba del premio a la Mejor Película Documental o de Animación por "Chico y Rita".

El resto de premios no tardó en descubrirse. Entre canciones tan conocidas como "Si yo fuera rico" ó "Roxanne", se fueron desvelando los enigmas más importantes de la noche. Inma Cuesta y Unax Ugalde anunciaban la victoria de Elena Anaya por "La piel que habito" ante la atenta mirada de sus dos contrincantes: Pilar López de Ayala y Maria León. La actriz tuvo palabras de afecto para ésta última a la que llamó "monstruo de la interpretación" y deseó poder coincidir en alguna película con ella. Curiosamente llego acompañada de su pareja, Esther Sanchís, y de su ex-novio Gustavo Salmeron. Todo un ejemplo de ex pareja bien avenida.

Poco después llegaba la entrega del otro premio interpretativo de la noche. María Barranco y Kira Miró anunciaban a José Coronado por "No habrá paz para los malvados" como mejor Actor del año 2011. Muy emocionado quiso dar "gracias a mi equipo. Un personaje de estas características es imposible llevarlo a cabo sin un equipo como éste detrás". Tampoco faltó la gran frase de su álter ego Santos Trinidad: "Rock ´n roll".

Como es habitual en los premios Forqué, el presidente de EGEDA, el productor Enrique Cerezo apareció para decir unas palabras. Como viene siendo habitual en las últimas ediciones, su discurso se centró en la lucha contra la piratería. Agradeció "el duro golpe contra la piratería que se ha anunciado en los últimos días" y anunció que "el cine nos puede ayudar a vender una nueva imagen de España".

La Medalla de Oro de Egeda de este año recayó en el productor-director Fernando Trueba. El oscarizado cineasta español bromeó diciendo que "todos los premios son injustos, menos el tuyo José". Reconoció que "el premio debería ir a Cristina Huete que es la productora que me ha acompañado siempre". Desveló que se hizo productor por obligación ya que "Opera prima" fue un éxito pero nadie le llamó para seguir dirigiendo.

Tras la actuación del grupo "Poker de voces", Santiago Segura abrió el sobre de la Mejor Película del año 2011 para confirmar que "No habrá paz para los malvados" era el film premiado. Enrique Urbizu tan sólo pudo decir "muchas gracias", visiblemente emocionado.


Cerró la Gala el discurso del nuevo Ministro de Cultura José Ignacio Wert que quiso declararse como "uno de los vuestros". "Comparto vuestras preocupaciones" y "desde el Ministerio podremos ayudar de dos formas: Apoyando la protección de la propiedad intelectual y estudiando la manera de poder ayudar a la Industria mejor", comentó.

Una entretenida versión de los Blues Brothers cerró la Gala de los premios Forqué. "No habrá paz para los malvados" dio un aviso de cara a los Goya y parece que dará mucho que hablar en los próximos días.

domingo 22 de enero de 2012

Crítica: "Los descendientes"

Avalado por dos globos de oro tan importantes como el de Mejor Actor y Mejor Película Dramática, "Los descendientes" aterriza en España. Alexander Payne vuelve a poner su sello y cuenta una historia de personas, sentimientos y casualidades. George Clooney disfruta de uno de los mejores papeles de su carrera para regalarnos una interpretación con mayúsculas.

Matt King (George Clooney) sufre el golpe más fuerte de su vida. Su mujer ha tenido un accidente y está en coma. Mientras su vida se debate entre la vida y la muerte, Matt debe retomar el tiempo perdido con sus dos hijas, afrontar cómo era su relación matrimonial y decidir cuál es su camino y hacia dónde dirigirse.

Tras la maravillosa "Entre copas", Alexander Payne tenía un gran reto: Mantener el nivel de ese gran film o convertirlo en una isla en medio del océano. "Los descendientes" bebe, se alimenta y nutre a ese título que, entre viñedos, daba una auténtica lección sobre la condición humana. Ahora, retomando temas como la infidelidad y las relaciones interpersonales, vuelve a salvar con ciertos toques dramáticos y mucho humor negro, un proyecto difícil y arriesgado.

Hay algo que ya es redundante en la filmografía de Payne, la fantástica dirección de actores. En este caso Clooney nos regala una interpretación de altísimo nivel. En un personaje nada sencillo, con altibajos y de gran profundidad sentimental, arma una interpretación compleja, de gran calado, que soporta con suficiencia todo el peso de la película.


Sorprende que la belleza del actor se vea parodiada una y otra vez, sin perder ni un ápice de dignidad. Pese a utilizar el humor absurdo, en ningún momento lo vivimos como una película caricaturizada. Los sentimientos se rebelan profundos y de alta carga dramática. Sin embargo, jugar a este juego tan peligroso a veces provoca en el espectador sentimientos encontrados que, como fue en mi caso, te sacan de la película.

Hawaii, lugar donde se ubica todo el argumento, nos grita sus virtudes y defectos. Con equilibrio, su forma de vivir se refleja en cada escena buscando otra imagen de la mítica isla (o conjunto de islas). Conocer su otra cara nos saca del sueño surfero para introducirnos en la pesadilla chanclera.

Adicionalmente, las subtramas que rodean a la principal, aportan detalles de la sociedad del siglo XXI. La sensación de abandono de los hijos, las complicadas relaciones familiares, la soledad... son sólo algunos de esos aspectos que completan a "Los descendientes".

Por tanto una gran película que queda lejos de ser una obra maestra pero que nos vuelve a mostrar al mejor Payne, un director que está creando un estilo propio con, cada vez, más seguidores.

José Daniel Díaz

martes 17 de enero de 2012

Crítica y rueda de prensa: "Silencio en la nieve"

La segunda película española "grande" de este año es el thriller "Silencio en la nieve" de Gerardo Herrero. La División Azul, pocas veces retratada en el cine español, se convierte en el contexto donde se desarrolla esta historia de intriga y suspense que adapta el libro "El tiempo de los emperadores extraños" de Ignacio del Valle. Una producción "extraña" en el cine español, con una cuidada ambientación, que intenta buscar otras vías poco exploradas en nuestra filmografía.

Gerardo Herrero siempre ha destacado más por su labor de productor. "El secreto de sus ojos", "El hijo de la novia", "Los crímenes de Oxford", "Martín Hache" y "Mensaka" han sido algunas de las películas más destacadas en esa faceta. Como director, su carrera no ha sido tan exitosa. Destacaría la hermosa "Heroína", la incontrolable "Malena es un nombre de tango" y la oscura "El misterio Galíndez". Posiblemente "Silencio en la nieve", su decimoquinta película, esté entre sus mejores trabajos.

El cine español empieza a moverse, a hacer cosas distintas. Esta coproducción, de evidente mira internacional, se embarca en la compleja resolución de un asesinato dentro de la División Azul destinada a Rusia en 1943. Arturo Andrade (Juan Diego Botto) será  el militar asignado para resolver el caso, escudado por el Sargento Espinosa (Carmelo Gómez). Su labor se irá complicando cada vez más, en un círculo muy cerrado donde todos esconden algo y nadie se atreve a hablar.


El director, que comentaba en rueda de prensa que "antes no sabía nada y ahora sé muchísimo de la División Azul", no ha querido hacer una película "maniquea". Por tanto, se ciñe a unos acontecimientos que como indicaba el escritor de la novela, "son verídicos en un 90% de la historia".

Quizás lo más interesante de toda la trama sea la dicotomía, tal y como indicaba el actor Víctor Clavijo, entre los asesinatos que se investigan y las muertes que ocasiona una guerra por pura ideología. Es decir, resulta contradictorio que en un ambiente lleno de muertes sin sentido se busque el culpable de un crimen concreto.

El honor, como suele ser habitual en las tramas con componente militar, es otro de los grandes temas. Los personajes se comprenden a través de sus actos, de lo que son y lo que han sido. En ese sentido, echamos de menos las circunstancias de los protagonistas que en ningún momento son delatadas. Son, precisamente, los personajes secundarios los que más información nos aportan para entender sus comportamientos. El propio Juan Diego Botto comentaba que "nunca había tenido que interpretar un papel con tan poca información del personaje".


Si bien el enfoque principal está en el crimen, algunas subtramas se antojan innecesarias y reducen el ritmo del film. La historia de amor con la chica rusa despista al espectador y le saca del objetivo fundamental: la resolución del caso. Por contra, uno de los puntos fuertes y destacables es la dirección artística. No era tarea fácil recrear esa época tanto en localizaciones, como imagen y objetos. La labor, que supo reconocer Gerardo Herrero admitiendo que sin ese trabajo nada habría sido creíble, se ejecutó con mucha dificultad en Lituania.

Del trabajo actoral destacaría a un gran Carmelo Gómez, que construye un militar peculiar y entrañable que impregna de sinceridad toda la pantalla. Incluso su compañero, Juan Diego Botto, mejora en las escenas que comparte plano con él como si se transmitiera esa sensación. Comentaba Botto que "Carmelo y yo nunca habíamos trabajado juntos, pero en 5 minutos nos estábamos peleando".

Con sus defectos, podemos decir que es un proyecto que supera a la media, uno de los mejores trabajos de Gerardo Herrero. Un film sin pretensiones más allá de las evidentes que no decepciona.

Podéis ver el tráiler pinchando aquí.

José Daniel Díaz

sábado 14 de enero de 2012

Crítica: "Millenium: Los hombres que no amaban a las mujeres"

Todos nos sorprendimos cuando descubrimos que David Fincher volvía a recrear en imágenes esta famosa trilogía,  apenas unos pocos años después de la versión europea. Por tanto la primera pregunta que viene a la cabeza es ¿Por qué esta nueva versión? ¿Qué aporta? Pues, aunque el guión es muy muy parecido al de su predecesor, el toque Fincher consigue un thriller lleno de suspense.

Este mítico director, casi de culto, es ya una leyenda. Sus películas han sacudido con dureza la psique humana jugando con el espectador, enseñándole cartas que desaparecían al momento. "Seven", "The game" ó "El club de la lucha" son ejemplos del cine sorprendente y desgarrador que siempre le ha caracterizado. El año pasado parecía que por fin la Academia le iba a conceder el Oscar gracias a su particular visión del creador de Facebook en "La red social"; nada más lejos de la realidad. Una vez más el clasicismo vencía a la modernidad.

Para quienes no hayan leído el libro de Stieg Larsson, deciros que la sinopsis del film se resume en una farragosa investigación que lleva a cabo un periodista (Daniel Craig) necesitado de dinero y reconocimiento, que acaba removiendo los pilares de una familia poderosa que esconde grandes secretos.
Para sus pesquisas se une a una extraña joven (Rooney Mara), habilidosa en la informática y muy sensibilizada con el dolor femenino. Esa sensación es la que la anima a colaborar para formar un tándem explosivo.

Últimamente nos estamos acostumbrando a unos títulos de crédito fantásticos. Esto, que no deja de ser anecdótico, es indicativo del cuidado con el que se tratan las películas. "Drive" y "La chispa de la vida" ya me sorprendieron gratamente en este aspecto pero "Millenium: Los hombres que no amaban a las mujeres" impresiona especialmente con una mezcla de imágenes oscuras y extrañas de gran fuerza visual.


Rooney Mara, que ya colaboró con Fincher en "La red social" como ex novia del peculiar creador de Facebook, no desperdicia esta joya de personaje. Introvertida, dura, asocial, liberada en todos los aspectos, con una fuerte carga que su carácter no permite mostrar. Es, sin duda, la mayor diferencia sobre otros thrillers de intriga que hayamos podido disfrutar.

Su compañero, Daniel Craig, sigue granjeando una carrera meteórica. Especializado en películas de acción, aquí sortea con oficio un personaje aparentemente simple pero de gran desarrollo emocional. Fincher demuestra una vez más su gran e intensa labor actoral; algo que es palpable en todas y cada una de sus películas.

Consciente de lo que se busca en este tipo de films, David Fincher, aunque su excesiva duración pueda complicar el resultado, mantiene perfectamente el ritmo del metraje. No deja espacio para el aburrimiento, mentalizado del tipo de espectador al que va dirigido. Existe un acertado contraste entre acción e intriga, seduce al público con incógnitas que lejos de despejarse se enredan más y más.

Solvente, como siempre, es un lujo disfrutar de directores como Fincher, aunque parece ser que él a la crítica no nos tiene tanto aprecio. No siempre llueve a gusto de todos.

José Daniel Díaz

miércoles 11 de enero de 2012

Crítica y rueda de prensa: "La chispa de la vida"

Alex de la Iglesia cambia el registro. Deja payasos, cómicos asesinos, anticristos, westerns, vecinos con malas pulgas y demás fauna para entrar por fin en la vida real. Y lo que se encuentra es, como decía Hobbes, a los hombres siendo lobos de los propios hombres. La desesperación de unos se mezcla con la maldad de otros para formar un explosivo resultado. "La chispa de la vida", en un tono tragicómico afronta todos estos temas con la muerte como telón de fondo. Acierta y convence.

Uno de los atractivos de la película era ver al televisivo José Mota enfrentándose a un papel dramático protagonista. Pese a un inicio de película renqueante, poco a poco se va sintiendo más cómodo, casualmente cuanto más dramática se pone la situación. Deja un buen sabor de boca y salva con nota esta arriesgada apuesta. Justa nominación al Goya.

Alex de la Iglesia, como él mismo admite, siempre ha intentado rodearse de cómicos para sus films porque hasta en los momentos más trágicos puede surgir una sonrisa. Antes de José Mota ya trabajó con Santiago Segura, El gran Wyoming, Guillermo Toledo ó Carlos Areces por ejemplo. Los buenos resultados que le han aportado estas colaboraciones le reafirman aún más en seguir arriesgando.

Comentaba Alex, ante una sala de prensa abarrotada, que "el guión lo leí en una hora y llamé a Andrés (Andrés Vicente Gómez, productor) para decirle que la rodábamos ya". Si bien el actor estuvo claro desde el principio, la elección de la actriz fue más complicada. En un inicio se pensó en Gwyneth Paltrow, toledana de adopción, que finalmente se deshechó para recaer definitivamente en la exuberante Salma Hayek.

La actriz mexicana apenas estuvo 18 días de rodaje lo que provocó cambios en los planes de rodaje. Su interpretación, que le ha valido la nominación al Goya, va in crescendo. En los momentos de mayor fuerza emocional desarrolla todo su potencial mostrando su versión más latina.



A la pareja protagonista le acompaña un elenco de lujo. Juan Luis Galiardo, Blanca Portillo, Fernando Tejero, Antonio de la Torre, Juanjo Puigcorbé, Antonio Garrido... son sólo algunos de los nombres que conforman un plantel de máximo nivel. Como comentaba en la rueda de prensa Blanca Portillo "en el cine no hay papeles grandes o pequeños".

 La política, la ambición, los medios sensacionalistas, los managers y las empresas son foco de crítica donde los extremos, que siempre han rodeado a la filmografía de Alex de la Iglesia, derivan casi en la parodia.

Un desgraciado accidente da la oportunidad a Roberto (José Mota), publicista de profesión, de convertirse en una estrella mediática. Con esta excusa, el guión de Randy Feldman hace un ataque sin complejos a todos los poderes fácticos. Pero esto, que es una de las fortalezas del film, también se convierte en uno de los defectos. Colocarles en los extremos, sin atisbo de humanidad alguna, desvirtúa la realidad quitando credibilidad a los personajes.

Por contra, la emotividad mezclada con un humor "azuloscurocasinegro" (como diría Sánchez Arévalo), funciona a la perfección llenando a la sala de una sensación encontrada.Y algo por encima que lo rodea, la dignidad de la persona. Valores necesarios en una sociedad cada vez más fría y calculadora, enganchada a los mercados y al dinero, que nunca llega a saciar sus desproporcionadas ambiciones.


Alex, distendido y amable durante toda la comparecencia ante los medios, alabó a sus actores, se congratuló de la respuesta del público en los pases privados y admitió referencias de títulos tan clásicos del cine español como "El asfalto" ó "La cabina". Destacó a Olea, Mercero e Ibañez Serrador como referentes, "aunque ya hubiera querido decir que eran Ford ó Meyer, son los que son".

Los Goya sólo les han regalado dos nominaciones, posiblemente escasas para la posibilidades del film, pero "La chispa de la vida" es un buen ejercicio cinematográfico. Es entretenida, amable, trágica pero no melodramática, sensible y emotiva. Suficientes razones para salir con un buen regusto de la sala.

Podéis ver el tráiler pinchando aquí.

José Daniel Díaz