La Alfombra Roja

jueves, 26 de noviembre de 2009

Crítica: "El baile de la Victoria"

Aunque ya os adelanté un avance en el pasado Festival de San Sebastian quiero aprovechar su estreno en España este fin de semana para realizar una crítica algo más extensa de esta película. Candidata por España para el Ariel y el Oscar, este ejercicio semiteatral de Fernando Trueba ambientado en Santiago de Chile es un apagado, aburrido y desesperante relato sobre dos ladrones de guante blanco.

La salida de la cárcel de Angel Santiago (Abel Ayala) y del mítico atracador Nicolás Vergara Rey (Ricardo Darín) son el punto de arranque de dos historias paralelas abocadas al entendimiento. Angel, más joven e inocente, comienza su nueva vida enamorándose de una joven bailarina muda mietras que Nicolás vuelve con la intención de recuperar a su mujer (Ariadna Gil), canjear su silencio por una buena recompensa y salir del mundo de delincuencia en el que se encontraba. La realidad les mostrará el verdadero camino: no es fácil escapar del pasado.

Aún no puedo entender la decisión de la Academia. Enviar este film sin interés a por la dorada estatuilla es un suicidio cinematográfico. El guión es denso, ideal para aquéllos que disfrutan mirando el reloj cada 5 minutos. Planos sin alma, escenarios sin pasión, interpretaciones del montón. Un cúmulo de errores que desembocan en un largometraje para olvidar.

Sólo Ricardo Darín aporta algo de alma a su personaje. Su experiencia y saber hacer ayuda a mantener con cierto decoro el resultado final. El joven Abel Ayala exagera su papel, convierte en extraño e increíble una interpretación que no requería de sobreactuación. No se puede negar sus ganas de hacerlo bien pero el casting fue desacertado y se demuestra en cada escena.

No creo que los Goya continúen premiando este fallido intento del director de "Belle epoque" pero a veces las amistades y las relaciones personales ayudan a que nos sorprendamos. No le auguro una buena taquilla ni muchas semanas de permanencia en cartel pero aún así ésta será nuestra representación internacional. Una lástima.

José Daniel Díaz