La Alfombra Roja

domingo, 5 de abril de 2015

Crítica: "Gett: El divorcio de Viviane Amsalem"

El cine es una herramienta clarificadora y relevante para la denuncia social. Nos descubre situaciones que desconocemos, reclama nuestra atención visualmente y nos revela injusticias del día a día, de la microsociedad. La película israelí "Gett: El divorcio de Viviane Amsalem" de los hermanos Elkabetz nos conduce al machismo en estado puro, ése que no agrede físicamente pero te desprecia como mujer, el que utiliza la tradición como mecanismo de poder y sumisión.

Avalada por su nominación al Globo de Oro a película de habla no inglesa y su presentación en la sección Perlas del Festival de San Sebastián, por fin llega a la cartelera española la tercera parte de una trilogía enmarcada en el matrimonio y la familia. Un éxito allí donde se ha presentado y que ha servido para denunciar el papel de la mujer en determinados aspectos de la sociedad judía.

Viviane Amsalem lleva años separada de su marido Elisha. Sin embargo ella anhela poder divorciarse para tener la libertad que su conciencia reclama. Lamentablemente en Israel el divorcio lo concede un tribunal rabínico anclado en el pasado que sólo permite tal cosa si existe consentimiento del marido.


Pese a los esfuerzos de Viviane, la negativa constante de su marido la impide rehacer su vida. Pasan los meses y los años y las situaciones se vuelven cada vez más surrealistas y absurdas.

Sorprende que Israel, un país que alardea de modernidad y occidentalidad, aún utilice la religión para dirimir conflictos sociales. Hombres mayores, al margen de la evolución, se encargan de marcar las pautas de unas personas que viven muy por delante de ellos. El uso constante del Torá como arma de respetabilidad es un malvado ejercicio de inexcusable fuerza. 


Es relevante, de igual forma, que la mujer que reclama su derecho a ser libre sea incomprendida. Si no ha sido agredida físicamente ó no ha sido mantenida convenientemente por su esposo parece no haber motivo suficiente para reclamar un divorcio. Es tan absurdo que te causa hilaridad.

La honorabilidad del hombre cobra una relevancia especial. El amor pasa a un segundo plano, lo importante para Elisha es no ser humillado públicamente. Su devoción religiosa le impide cometer un acto que pueda ser contrario a sus creencias. El sufrimiento de su esposa no es motivo suficiente para un cambio de perspectiva, él mismo se ha puesto unas cadenas invisibles que le impiden modificar su forma de actuar.

Recomendable título que una vez más nos demuestra la cantidad de desigualdades que aún existen en el mundo. Queda mucho camino por recorrer en el campo de la igualdad, denunciarlo es sólo el primer y fundamental paso.

José Daniel Díaz