La Alfombra Roja

miércoles, 27 de abril de 2011

Crítica: "Tokio Blues"

Adaptación de la novela de "Norwegian wood", libro de gran éxito de Murakami, "Tokio Blues" de Tran Anh Hung presenta una visión contenida y conflictiva de la relación de amor de dos chicos jóvenes japoneses con grandes carencias sentimentales. Presentada en los Festivales de Toronto y Venecia, su excesiva lentitud en la narración y sus planos eternos encarecen una producción de gran belleza visual y evidente rastro poético.

Tran Anh Hung saltó a la popularidad en el marco cinematográfico gracias a la película "El olor de la papaya verde". Desde entonces no ha tenido una extensa filmografía pero se ha caracterizado por generar interés en los marcos festivaleros con cada producción que presenta. "Tokio Blues" no es una película fácil de ver y mucho menos de entender.

Si algo caracteriza a la dirección en esta película es el empeño en mostrar los dilemas internos de los personajes, dejar al espectador que establezca cuál es la causa que les mueve, el por qué de sus comportamientos. El amor y el sexo se encuentran presentes en cada plano, en cada mirada, como si la curiosidad pudiera mover montañas.

Año 1967. Un grupo de tres amigos, Watanabe, Kidzuki y Naoko, comparten prácticamente todo. Los dos últimos son pareja pero la relación entre todos ellos es perfecta. Sin embargo el suicidio de Kidzuki lo cambia todo. Watanabe y Naoko se distancian y hasta un tiempo después no vuelven a reencontrarse. Pronto comienzan una complicada relación marcada por el fallecimiento de Kidzuki que les obliga a atravesar por recuerdos aparcados.

Entre los protagonistas el principal interés lo marca Rinko Kikuchi que encarna a Naoko y que todos recordamos por su papel en "Babel" que le valió una nominación al Oscar. Su papel de joven atormentada con claros síntomas de carencia emocional posiblemente haya supuesto uno de los mayores retos de su carrera.

El resto de intérpretes manejan con solidez unos personajes llenos de controversia y conflictos internos. La muerte, presente en cada plano de la película, se convierteen un aliado más de los protagonistas que sienten como cercano el dolor y el sufrimiento que acarrea.

Lamentablemente toda la poesía que emana "Tokio Blues" se ve difuminada por su parsimonia narrativa que puede generar desesperación en el espectador. Planos eternos, secuencias que apenas cuentan nada, ... aspectos que rebajan considerablemente la nota global del film.

La película del director franco-vietnamita es una muestra palpable de lo que se puede contar sin hablar, de lo que puede decir una mirada y de cómo puede surgir el amor sólo a través de las sensaciones. El cine asiático maneja como pocos esos temas y logran recrear con eficacia mundos interiores mucho más interesantes que los exteriores.

Aunque es un cine muy enfocado a un público concreto es posible que el éxito del libro atraiga a mayor número de espectadores a las salas. Sin duda cuenta con una buena carta de presentación aunque en líneas generales la película te deje algo frío.

José Daniel Díaz