La Alfombra Roja

lunes, 17 de junio de 2013

Crítica: "Trance"

Danny Boyle ha vuelto. Con su implacable fama de independiente y transgresor, el director que ya ganó el Oscar por "Slumdog Millonaire", reinventa el género de los atracos con un planteamiento donde la hipnosis y el control mental son los protagonistas. "Trance" es un entretenido relato que juega con el espectador mientras las imágenes impactan con fuerza, con el marcado estilo Boyle.

Como sorpresa se puede definir el éxito de "Slumdog Millonaire", una película que puso en la palestra mundial el cine de Bollywood. Antes ya nos había impactado con "Trainspotting", peli indie inglesa que retrató una generación perdida al borde del colapso. Y hace apenas dos años "127 horas" presentaba de la manera más cruda la lucha de un hombre por sobrevivir. Por todo esto, cabría esperar cualquier cosa de Danny Boyle aunque podemos estar seguros que la indiferencia no será el resultado final.


Con estos precedentes "Trance" no podía ser tan simple como parecía. Un atracador que, tras recibir un golpe en la cabeza, olvida dónde escondió el cuadro que acaba de robar podría ser un argumento típico y tópico. En las manos del director inglés eso no podía ocurrir. Ya había advertido que, tras organizar el evento inaugural de los JJOO de Londres 2012, le apetecía centrarse en un proyecto propio, lejos de las grandes fortunas.

Por tanto, podemos definir "Trance" como una película muy personal de su director que, si cabe, aún se hizo más íntima al contar con su chica Rosario Dawson para uno de los papeles principales. El resto del reparto tampoco es de primera fila, aunque sobradamente conocidos. James McAvoy es un valor en alza tras sus trabajos en "X-Men: Primera generación" y en la película de Robert Redford "La conspiración" mientras que Vincent Cassel es un secundario de lujo de títulos como "Cisne negro" ó "Promesas del este".

Con una estética agobiante, el mundo de la hipnosis se muestra de forma devastadora. El control mental es el arma más poderosa que existe. Su poder es inimaginable. Según pasan los minutos vamos accediendo al lado más oscuro de cada uno de los personajes y, lo que es más importante, a sus debilidades y miedos. El robo pasa a un segundo plano y, de repente, toda nuestra atención se centra en lo que esconde cada uno de los personajes. El director nos reconduce a donde quiere, nos convertimos en marionetas en sus manos.


Merece la pena revisar la filmografía de Danny Boyle y "Trance" no es una excepción. Un buen argumento, bien interpretado, que, jugando con el thriller y el cine de autor, nos ofrece un espacio donde nada es lo que parece.



David Sanmartí