La Alfombra Roja

lunes, 3 de noviembre de 2014

Crítica: "Oculus. El espejo del mal"

"Oculus: El espejo del mal" está escrita por Jeff Howard y dirigida por Mike Flanagan. Antes de estrenarse en el Festival de Sitges de este año, tuvo su premiere en el Festival Internacional de Cine de  Toronto en Septiembre de 2013, donde fue nominada al Premio del Público (Locura de Medianoche).


Flanagan nos presenta una película con un montaje instrumentado mediante flashbacks. Entre ellos hay una diferencia de 11 años. El “antes” nos trae a Alan Russel (Rory Cochrane), programador informático con un trabajo en alza, que se muda a una nueva casa junto a su esposa Marie (Katee Sackhoff) y su dos hijos pequeños, Tim (Garrett Ryan) y Kaylie (Annalise Basso). Su intención es trabajar desde su nuevo despacho en la planta de abajo de la nueva casa.

Para decorar su nuevo despacho, Alan, compra un antiguo espejo que está maldito y que poco a poco le irá degenerando la mente hasta llegar al extremo de volverlo loco mediante alucinaciones. Éstas  le llevarán a intentar matar a su propia familia hasta que Tim, el hijo pequeño, le dispara y acaba con su vida.
En el “Presente”, once años después Tim (Brenton Thwaites), ha pasado todo este tiempo encerrado en un Centro Psiquiátrico, donde se han encargado de inculcarle que lo ocurrido no fue nada más que invenciones de su mente y no por ese espejo. Paralelamente, Kaylie (Karen Gillian), su hermana, está decidida a demostrarle que sí fue ese espejo maldito el que lo provocó todo. Para eso ella ha conseguido recuperar ese espejo y lo ha vuelto a llevar a su antigua casa para poder demostrárselo…

A pesar de poder parecer otra película de objetos malditos, los continuos flashbacks que se sucederán a partir de ese momento harán las delicias del público creando un clima angustioso. Nos llevará al límite, aprovechando esa atmósfera creada dentro de la angustiosa casa para revelar verdaderos momentos de tensión, con una conclusión final que no dejará indiferente a nadie.

David Sanmartí